TPP-11 “Amenaza contra la vida de las Mujeres”

El día miércoles 19 de junio de 2019, la Dra. Silvana del Valle Bustos,Abogada, Licenciada en Derecho, Maestra y Doctora en Derecho por la Washington University School of Law, EE.UU. Académica y Directora de la Escuela de Derecho de la Universidad Humanismo Cristiano, presentó en la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso la charla

TPP-11 “Amenaza contra la vida de las Mujeres”. La actividad contó con la moderación del Dr. Fuad Hatibovic, profesor de la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso, Hontaneda #2653, Valparaíso.

La charla fue organizada por Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Cultura Política, Memoria y Derechos Humanos (CEI-CPMDH), con apoyo del Proyecto AEIF «Apoyando a los estudiantes indígenas de 1era Generación Universitaria», Estudiantes de Psicología, de la Escuela de Psicología, del Centro de Estudios Interdisciplinarios en Teoría Social y Subjetividad (CEI-TESyS), y de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso.

La profesora Silvana del Valle presentó las consecuencias negativas que el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por su sigla en inglés), también conocido como TPP-11, tienen para la vida de las mujeres, niñas y niños.

Hoy el TTP-11, manifestó Silvana del Valle, junto con otros acuerdos comerciales en que Chile se encuentra en diferentes etapas de negociación y promulgación legislativa, amenaza específicamente la vida de mujeres, niñas y niños en tres frentes. Por un lado, profundiza una división sexual del trabajo que les desvaloriza. En seguida, se anuncia como “progresista” al incorporar, entre otros capítulos sobre grupos “minoritarios”, un capítulo de “género”, a fin de mostrarse como si estuviera cumpliendo nuestras demandas de las últimas décadas, sin en realidad cumplirlas. Y, como corolario del mito de la meritocracia neoliberal en que se inserta, ofrece poderosas herramientas técnico-jurídicas a las grandes corporaciones, las que jamás se han implementado para el cumplimiento de los tratados internacionales de Derechos Humanos de mujeres, niños, niñas y niñes –de los que Chile es parte integrante y constituyen, al menos en el papel, ley de jerarquía supraconstitucional.

En relación a la profundización de la división sexual del trabajo impuesta por la alianza patriarcado-capital, el propio texto del TPP-11, de difícil acceso para la ciudadanía chilena en las páginas web de la Cancillería o el Congreso, deja claro el nulo interés en la calidad del trabajo a realizar por mujeres, jóvenes y niñes. Sólo a modo ejemplar, el texto utiliza las palabras “mujer” o “mujeres” en 43 ocasiones, sólo 6 de las cuales se encuentran en su articulado. Dichas 6 menciones se limitan a una declaración programática de intenciones (es decir, sin herramientas para su cumplimiento) para “mejorar las oportunidades” de las mujeres en el crecimiento económico (art. 23.4 y 23.5). El resto de las menciones, así como las de las palabras “niña” y “niño”, se encuentran en los anexos y se refieren a las libertades de las empresas para comercializar productos para “mujeres”, “niños” o “niñas”. ¿Qué significan, entonces, declaraciones como mejorar la “igualdad de oportunidades” o “desarrollar sus habilidades y capacidades, y mejorar su acceso a los mercados, la tecnología y el financiamiento” si no hacen mención al mundo reproductivo y carecen de contenido respecto de lo productivo? En el contexto, además, únicamente puede implicar que las mujeres debieran ver aumentar su acceso al consumo y al teletrabajo, es decir, a un trabajo precariamente regulado y pagado. Más aún cuando “la promoción y el desarrollo de la educación, la ciencia y la tecnología” de ningún modo menciona la posibilidad de implementar educación sexual y no sexista.

Finalmente, plantea del Valle, el TPP-11 nos inflige una estocada a todos, todas y todes, al implementar una potente herramienta jurídica a favor de los grandes intereses empresariales: la posibilidad de dejar sin efecto normas, medidas y políticas públicas, e incluso demandar perjuicios al Estado, ante la no obtención de la llamada “expectativa de obtener ganancias o utilidades” (art. 9 y 18). Así, mujeres, niños, niñas y niñes virtualmente no podemos responsabilizar por la violencia ejercida en nuestros cuerpos a los Estados o las transnacionales; ni el TPP-11 ni otros TLC supuestamente progresistas aprovecharon sus vacíos capítulos de “género” para implementar herramientas de cumplimiento de tratados de Derechos Humanos para mujeres y niñes, como la CEDAW, la Convención Belém do Pará o la Convención de Derechos del Niño. Pero las transnacionales sí podrán incluso señalar a las leyes que Chile pretenda aprobar en protección de los Derechos Humanos (medioambiente, salud, educación, trabajo, propiedad intelectual de los pueblos originarios, una vida libre de violencia, etc.) como factor que les impide recoger su “expectativa de ganancia”, convirtiéndose así en la más moderna arma de destrucción de los pueblos. Por último, señala Silvana del Valle, desde el feminismo, resulta un imperativo ético y moral continuar el rechazo al TPP-11 y su peligrosa amenaza a la vida de todos, todas y todes.

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